UNA BROMA DEL PADRE FONTES ARRILLAGA (5)

13.03.2021

V entrega

Al verlo, todas corrimos hacia él. ¡Padre, Padre, Padre Fontes! ¡Bienvenido! Acérquese a ver lo que hemos trabajado y el éxito obtenido y todas las manos se deslizaban de un lado a otro mostrándole los hermosos donativos. Con una seriedad aparente que era solo para ocultar la picardía que estaba pensando nos dijo: "Estoy orgulloso de ustedes hijas mías". "Son muy trabajadoras. En premio he conseguido para ustedes en la joyería Laporta de Sarandí, un hermoso aderezo que rifándolo o rematándolo les va a producir una suma considerable". Es de imaginar que aquel grupo de muchachas jóvenes reclamáramos insistentemente que mostrara el precioso aderezo. ¡A mí, Padre, a mí, a mí! Eran las voces que se oían. "No, no se apresuren porque este obsequio es muy delicado y tiene que ser una persona muy cuidadosa la que lo reciba". En coro repetíamos todas: "Abra usted el estuche así lo apreciaremos todas".

Introdujo el Padre Fontes suavemente su mano en el bolsillo interior de la sotana sacó, primorosamente arreglado, un estuche de terciopelo que creíamos contenía preciosas alhajas. Nuestros ojos se dilataban y nuestra ansiedad crecía cada vez más. De pronto...abre el estuche ¿y qué asoma? ¡Un ofidio! Arrolladito en la parte plana del estuche y al ser abierto, éste irguió su cabeza y sacó su móvil y larga lengua brillándole sus ojos diabólicos. Ver la víbora y salir gritando y corriendo todas desesperadas, como si aquel animal nos corriera fue todo uno y el Padre Fontes que le gustaba tanto bromear y era tan alegre, lloraba de risa.

¿Cómo? ¿No decían que querían ver el collar? Y agregaba ¿a qué ustedes no tienen una alhaja tan hermosa como esta? Él era afecto a los ofidios y los domesticaba. Los colocaba en sus manos y cuerpo con toda naturalidad y se divertía, cuando bromeando, asustaba a sus amigos con ellos.